Faltriquera. Indumentaria regional Velanciana

Esta es una pieza que no ha aparecido en ninguno de los inventarios que he podido consultar ni en los documentos que recogen la documentación de localidades cercanas. Pero no solo me consta que ha sido parte del vestido femenino del XVIII y anterior como muestran los museos. Es también una de esas piezas que conoces de oídas, he escuchado a mi padre decir que su abuela la uso o al menos la nombró como algo que se usaba con frecuencia por al mujeres.

LAS FALTRIQUERAS.

Llamadas también faldriqueras. No es frecuente que en los inventarios se reflejen estas piezas, debido al bajo precio o valor de las mismas; consisten en dos bolsillos sueltos que la mujer llevaba atados a la cintura por debajo de la falda, coincidiendo con las aberturas de la cinturilla. Debido a ello es por lo que siempre aparecen en juegos de a dos.

FERRANDlS MÁS,Vicent   Elementos para el estudio de la indumentaria valenciana: el vestido de la mujes (1787-1812) (1). en “Torrens. Estudis i investigacions de Torren i comarca”. Disponible en Filadis

faltriquera terminada

Para mi indumentaria valenciana del siglo XVIII, esto es, para mi ropa de “ballar danses” yo solo tengo una, que yo misma hice aprovechando un retal que sobró de la enagua. Supongo que este detalle demuestra el poco “valor de las mismas”.

Aunque supusieron un grato entretenimiento durante el invierno pasado.

Indumentaria II

(fragmento del II ejercicio del Curso Innovación Educativa con Recursos Abiertos en el Tecnológico de Monterey, México)

Inicié una investigación sobre la indumentaria femenina en la Novelda (Alicante, España) del siglo XVIII. En principio, los objetivos eran sencillos: contrastar con las fuentes directas las diferencias y similitudes entre la indumentaria femenina del s.XVIII y el traje regional actual en dicha localidad; y hacer una propuesta de cómo debería ser ese traje típico.

Los elementos de esta indumentaria son de sobra conocidos y están bien documentados en Europa y España en general; pero también en la región valenciana y en poblaciones vecinas. De modo que acudir al Archivo Histórico de Novelda, era en parte obligatorio y en parte innecesario. Obligatorio por ser los Protocolos Notariales la fuentes a consultar en una investigación como esta. Y muy especialmente por querer documentar las primeras décadas del s.XVIII e incluso los últimos años del S.XVII.

E innecesario, porque la abundante literatura, las colecciones existentes y las publicaciones (tanto de transcripciones como de documentación gráfica sobre las piezas conservadas) sobre el tema me daban las claves para alcanzar los objetivos.

Al empezar la recopilación de datos se abrieron infinidad de posibilidades de estudio y reflexión, que me cautivaron. Entre ellas la vida cotidiana en el siglo XVIII y su valor como patrimonio cultural inmaterial y como herencia cultural. 

Y con ello se ampliaron las necesidades de conocer el vocabulario utilizado en los documentos. Este vocabulario iba, ahora, más allá de las piezas de ropa de vestir, tan bien documentadas por los investigadores.

En cualquier caso los resultados del estudio tienen vocación de recurso abierto, pero muy especialmente quieren ser divulgados con el objetivo de poner en valor ciertos aspectos inmateriales de nuestro pasado.

Este proceso de recopilación es bilingüe, ya que los documentos históricos consultados están escritos tanto en castellano como en valenciano. Es más, en muchos casos la documentación es multilingüe, al utilizar palabras valencianas en un texto en castellano.

La necesidad viene por la desaparición tanto de expresiones, como de vocabulario, al haber desaparecido de la vida cotidiana la pieza que se nombra.

En la red del desarrollo local.

Nota: Este post es, al mismo tiempo,  ampliación y borrador. Es una  ampliación de esas primeras notas como de mi aportación a la comunicación “eGruyere, otra forma de generar desarrollo local”. Y es un borrados de un trabajo mucho más amplio que me propongo terminar, con el resto de implicadas, porque como dice ester, este artículo abre más temas de los que puede abarcar.

La administración como un nodo más.

En un modelo distribuido de desarrollo local, la administración deja de ser el nodo más importante, puesto que no hay un nodo más importante que otro, sino servicios o acciones que cubren necesidades o que responden a demandas de las personas. Por lo que necesita y se sustenta en relaciones de confianza, que necesitan a su vez de metodologías y herramientas de colaboración-cooperación.

Cada nodo de esta red es agente generador de DL porque desde sus planteamientos y acciones (políticas de producción, de empleo, de crecimiento) actúan y piensan desde el aprovechamiento de recursos a su alcance, para asegurar la viabilidad y la sostenibilidad de esos recursos, de sí mismas y de su entorno/contexto. Y así generar abundancia. “Al tiempo que ofrecen una interacción cercana, y por eso va desarrollando valores añadidos, que van encajando más, con las necesidades o los deseos de sus clientes.” (Javaloyes, Mcomentario) Y esto es independiente de su ubicación geográfica en un término municipal o en el mundo.

Un ejemplo de esos otros agentes de desarrollo local, ahora convertidos en nodos iguales, son las pymes y micropymes. No por su localización, tamaño o alcance, sino por su vinculación al territorio (contexto) y por su implicación con las personas (interlocutores directos).

Entiendo que una multinacional localizada en un pueblo crea puestos de trabajo en ese territorio pero no genera riqueza/abundancia en ese él. Porque no favorece la diversidad, no valora las potencialidades y ni las fomenta, no es flexible al cambio, no es creativa. En definitiva, no es resilente. Ante los cambios que pueda experimentar el entorno dónde se ubica, esa multinacional, abandona el territorio, busca otro en el que se combinen las características que la beneficien, o bien busca (fuerza, intenta) un cambio en el entorno que le sea propicio. Un cambiar para volver a lo anterior. Nunca cambiará sus dinámicas de acción y sus relaciones, no se adaptará.

Coincidíamos en que en esta nueva “topología de red” los lugares deben desarrollar “el capital social capaz de atraer y desarrollar talento e integrarloen un espacio urbano, económico y de socialización cohesionado. ” (Ugarte D:2010). Y entendemos que esto sólo puede suceder si la relación entre los diferentes actores del desarrollo local y la administración es de colaboración, no sólo de negociación o asistencia.

Conociendo lo que conocemos de la Administración y ante este planteamiento, detectamos una serie de cuestiones que la Administración debería plantearse: ¿Quién (o quiénes) es mi interlocutor? ¿cómo quiero hablar y como converso? ¿con qué tono, con qué medios? ¿cuáles son mis redes/relaciones de confianza? (y la lista es abierta). Y, previamente, debe pensarse a si misma. Para poder mostrarse y construirse realmente como un nodo conectado a otros por conexiones útiles.

Estaríamos ante una modificación de las dinámicas de la administración actual, que pasaría de ser un emisor de información o servicios, a ser un propiciador de recursos no siempre necesarios. Su rol en el desarrollo local puede ser de colaborador, de promotor o de beneficiario. Incluso quedando al margen, en la medida que eso sea posible, de algunas acciones de desarrollo local iniciadas, ejecutadas y disfrutadas por otros nodos, ya sean estos individuos o colectivos. Y el criterio para ejercer cualquiera de los roles citados es resultado de la conversación y del vinculo con el entorno.

Ya hacíamos una propuesta de adaptación de la Administración (Universidad de Verano Rafaél Altamira, 2012), cuando al hilo de la adaptación a las nuevas herramientas, indicábamos que esta requiere de un conocimiento a nivel técnico, pero sobretodo de un análisis a nivel de posibilidades ofrecidas y de exigencias derivadas de su uso. E indicábamos algunas : Apostar por la transversalidad de disciplinas y de áreas en el planteamiento de iniciativas comunicativas. Asumir un rol facilitador, proporcionando herramientas-plataformas de participación. Establecer una comunicación que generen diálogos internos y paralelos, y reduciendo la brecha digital (proporcionando recursos). Favorecer iniciativas de oGov y mantener y mejorar la e-Administración.

En este nuevo modo de relacionarse de la administración no podemos dejar de destacar la importancia de hablar un mismo lenguaje y compartir objetivos, para que la implicación personal no se desvanezca y poder trabajar en equipo. Pasar de “trabajar para” a “trabajar con”, para lo que hace falta saber relatarse y conversar con otros agentes. Y con ello “construir un conjunto de redes de relaciones de confianza” (Torres R 2010: 616), que todas las organizaciones deben poseer. Y , añadimos, generar unas dinámicas de trabajo que propicien:

  • Dedicar energías a que pasen las cosas. En lugar de dedicarlas a perpetuar modos de hacer que no necesariamente responden a las demandas y necesidades de las personas.
  • Cambiar la vida de las personas. Aportar cambios positivos a las personas con las que trabajamos. Que esas personas desarrollen sus herramientas, al margen de que en el futuro trabajen o no con nosotros.

En este punto nos parece interesante introducir dos aspectos, no relacionados entre ellos, pero que ilustran la propuesta y muestran las consecuencias de la misma.

Por un lado, el concepto, y el hecho, del “hermanamiento de ciudades”. Las formas, objetivos y resultados, no voy a comentarlos aquí y ahora. Pero me parece interesante mostrar que la Administración local, entendió o quizás solo intuyó, la importancia y el potencial de una red distribuida de iguales. Y entendió que el tamaño y la ubicación no tenían porqué condicionar el alcance.

Por otro lado y como Relaciones Públicas (que se han encontrado con más de un dilema en torno al los vínculos, los públicos y los roles), el concepto y los modelos de “mapas de vínculos para la planificación de las relaciones con el exterior de las organizaciones”, que se nos ofrecen desde la disciplina de Relaciones Públicas. Entendemos que estos se rediseñan continuamente porque las relaciones varían según el rol que cada nodo puede ejercer para una acción concreta. Ningún nodo, puede establecer, ni siquiera plantear, un mapa de relaciones que no sea cambiante. Más aún se me hace difícil establecer, aun en estos términos, un mapa de públicos que sirva para todo la organización. Ya que entiendo, y así me lo ha confirmado la experiencia, que cada acción requiere de un mapa de vínculos y/o públicos distinto.

Primeros pasos

Con la firme intención de descubrir “cómo debería ser” el traje típico de Novelda, hace casi tres años, hice mi primera incursión en el Archivo Histórico.

Sabiendo que la indumentaria regional se inspira en el vestido popular del siglo XVIII. Intenté hacer un recorrido por los documentos, de los más modernos a los más antiguos. Buscando alguna autoridad que estableciera el “cómo es” el traje típico y por qué es así. Además de cómo y porque había evolucionado.

Que el traje ha evolucionado, es evidente. El traje con el que yo me visto hoy, que está bastante aceptado, en parte por ser el que visten las “Reinas de las fiestas” (expresión máxima del tipismo). No es el mismo con el que me vistieron de pequeña o el que usó mi madre siendo adolescente. Y este tampoco es igual a aquel con el quería vestir mi bisabuela a sus nietas, basándose en sus recuerdos y/o experiencias de infancia y juventud.

La interpretación que los diferentes nacionalismos han hecho de la necesidad de tener un traje típico, y las modas de todo tipo en torno a las fiestas locales; han marcado la estética, los materiales y los usos de ese traje.

Empecé mi investigación por los artículos que sabía que existían, publicados en la década de los noventa del siglo XX, en la revista de Fiestas de Novelda (Betania). Uno de ellos dedicado al traje típico, el de “noveldera” ( Monserrate, Fco.”Trajes de fiesta”, Betania 1998), el otro es una aproximación a la indumentaria tradicional cuyas lustraciones hacen referencia a las diferentes versiones del traje típico durante las fiestas (Blasco, Mª C y Navarro, C (Selección de textos e ilustraciones) “La indumentaria tradicional Noveldera”. Betania 1991). Por último consulté otro artículo “Fiestas de Novelda en el siglo XVIII” (González Hernández, M.A.; 1995) que al ser, en términos generales, una enumeración de las fiestas de la época no hace ninguna referencia al vestido . No hay nada más sobre este tema en los cuarenta años anteriores, desde que se inició esta publicación.

El siguiente paso debía ser acudir a los documentos que sobre el tema pueda haber en la institución que gestionaba la indumentaria regional en el periodo de la dictadura. Los Coros y Danzas de la Sección Femenina de Falange.  Y, a continuación, buscar y consultar publicaciones anteriores que pudieran haberse hecho eco de las fiestas patronales de Novelda. Además de la fotografías, claro.

Pero lo que decidí fue acudir a las “fuentes”, es decir, a los documentos del siglo XVIII que registran la ropa de vestir del siglo XVIII. Ahora me encuentro consultando Cartas de Pago de Dote, inventarios y testamentos de 1700 en adelante. Y la información que encuentro me plantean muchas reflexiones, dudas e ideas sobre el Patrimonio Cultural, la herencia de tradiciones, la gestión y la divulgación de todo ello, entre otras cosas.

Además, esas Dotes dejan entrever vidas sencillas, trabajos laboriosos y relaciones humanas que me seducen.

Confirmando lo que ya sabía, que poco o nada tiene que ver el traje típico con el vestido que usaban las mujeres del XVIII en mi pueblo.

Lo que cuesta hacer las cosas

Hacer un paralelismo entre el valor y precio de la ropa de vestir que iba encontrando en las Cartas de Pago de Dotte y el precio que hoy tendrían esas mismas piezas; fue un objetivo secundario de la investigación.

En un intento de poner en valor esas piezas, quería ponerles precio en euros. Y no sólo comparar las libras, sueldos y dineros que puede costar “un guardapíes de lanilla vert galones de or” (3L 19s) con las que puede costar “un morter de pedra amb sa ma” (8s)

Además, al publicar mi propia ropa, quería ir registrando el proceso de crear algunas piezas del vestido. Pero después de leer este post puede que me anime a contabilizar lo que cuesta, en términos económicos, realizar cada una de esas piezas.

Aunque en mi caso esas piezas las voy a ir creando siempre con ayuda y con materiales y recursos modernos (maquina de coser, …). La idea es poner en valor el trabajo de reproducción o recreación histórica. Y “calcular” el valor de aquellos vestidos.

¿vestirse a la antigua?

Investigaciones y publicaciones sobre el vestido femenino en el siglo XVIII hay muchas y muy rigurosas. Y no pretendo hacer aquí una más, con la diferencia de estar documentada en el Archivo Histórico de Novelda. Como ya dije, lo que me interesa es ver qué hay de aquellos vestidos en los de hoy.

Por tanto mis reflexiones girarán en torno a pequeños descubrimientos, al contraste entre lo típico y lo tradicional, al rigor histórico y al folklore.

Considero que esa indumentaria típica es un Patrimonio. Es un patrimonio cultural, porque al estandarizarla con el objeto de convertirla en elemento distintivo de una comunidad, pasa a ser parte de la identidad cultural de esa comunidad.

Y es patrimonio histórico en la medida en que se sustenta en el pasado de esa comunidad. El vestido del siglo XVIII le sirve de inspiración y las diferentes corrientes de pensamiento de los siglos posteriores han influido en su normalización como traje típico.

Así pues, como patrimonio que es, es susceptible de ser gestionado, y de hecho lo es. Y la primera cuestión a resolver (quizá como tesis de ese MasterDIWO) es quién tiene la autoridad para esa gestión y cómo debe hacerlo.

Dime con quien andas

Nunca se me han dado bien los idiomas (o al menos nunca se me ha dado bien estudiar-aprender idiomas en la forma que me los han enseñado) y sin embargo no dejo de aprender-incorporar lenguajes.

La vida es un constante aprendizaje de lenguajes, de hablas, ya que cada nuevo entorno  exige de nosotros la creación, co-creación o incorporación una lengua propia de ese entorno.

Al llegar a un nuevo grupo, antes de convertirse en comunidad, empezamos usando una lengua estandar que todos creemos usar igual. Y luego surgen lo giros que solo entendemos nosotros, los significados concretos.

En esa construcción estoy ahora, con eGruyere, con Master DIWO y con los proyectos que surgen con otros miembros de esta red. Y desde hace un tiempo me veo constantemente acudiendo a la Inianopedia, a El Correo de la Indias,  para saber si estoy interpretando correctamente a mis colegas de trabajo.

También hemos acuñado algunas expresiones propias y seguiremos haciéndolo, especialmente a partir de las diferentes lenguas maternas y sus/nuestras diferentes comunidades de habla.

El gran referente sin duda, para entender a mis compañeros son sus blogs y , por tanto, sus enlaces y comentarios. Porque es en la conversación dónde surgen las expresiones propias, es en el uso de la lengua dónde esta se hace propia. Y creo que, en el uso dialogado se hace comunidad. Puesto que no solo se usa la lengua de la misma manera si no que se compartes conceptos, realidades, futuros deseables, …

Hablábamos de esto hace unos días, Ester, Laura y yo en una cafetería, entre una reunión de trabajo y otra. Y era algo que desde hacía tiempo me rondaba la cabeza. Y que estos días se ha vuelto más insistente, o evidente, por la necesidad de aclarar, de decirnos a nosotros mismos que sí estamos hablando el mismo lenguaje.