Lo que cuesta hacer las cosas

Hacer un paralelismo entre el valor y precio de la ropa de vestir que iba encontrando en las Cartas de Pago de Dotte y el precio que hoy tendrían esas mismas piezas; fue un objetivo secundario de la investigación.

En un intento de poner en valor esas piezas, quería ponerles precio en euros. Y no sólo comparar las libras, sueldos y dineros que puede costar “un guardapíes de lanilla vert galones de or” (3L 19s) con las que puede costar “un morter de pedra amb sa ma” (8s)

Además, al publicar mi propia ropa, quería ir registrando el proceso de crear algunas piezas del vestido. Pero después de leer este post puede que me anime a contabilizar lo que cuesta, en términos económicos, realizar cada una de esas piezas.

Aunque en mi caso esas piezas las voy a ir creando siempre con ayuda y con materiales y recursos modernos (maquina de coser, …). La idea es poner en valor el trabajo de reproducción o recreación histórica. Y “calcular” el valor de aquellos vestidos.

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¿vestirse a la antigua?

Investigaciones y publicaciones sobre el vestido femenino en el siglo XVIII hay muchas y muy rigurosas. Y no pretendo hacer aquí una más, con la diferencia de estar documentada en el Archivo Histórico de Novelda. Como ya dije, lo que me interesa es ver qué hay de aquellos vestidos en los de hoy.

Por tanto mis reflexiones girarán en torno a pequeños descubrimientos, al contraste entre lo típico y lo tradicional, al rigor histórico y al folklore.

Considero que esa indumentaria típica es un Patrimonio. Es un patrimonio cultural, porque al estandarizarla con el objeto de convertirla en elemento distintivo de una comunidad, pasa a ser parte de la identidad cultural de esa comunidad.

Y es patrimonio histórico en la medida en que se sustenta en el pasado de esa comunidad. El vestido del siglo XVIII le sirve de inspiración y las diferentes corrientes de pensamiento de los siglos posteriores han influido en su normalización como traje típico.

Así pues, como patrimonio que es, es susceptible de ser gestionado, y de hecho lo es. Y la primera cuestión a resolver (quizá como tesis de ese MasterDIWO) es quién tiene la autoridad para esa gestión y cómo debe hacerlo.

Personas por máquinas

Hace unos días leía sobre las características de la colaboración. La construcción de proyectos, cosas o ideas a partir de una comunidad (más o menos estable, formal, …), una construcción en la que todos los miembros participan de alguna manera.

Por otro lado me veo inmersa en la tarea de detectar (para definir) esas formas de trabajar colaborativamente. Y rebusco en mis ideas previas, destapo reflexiones paralelas a mi experiencia y, quizás por deformación profesional, echo la vista atrás y analizo el hoy comparándolo con el ayer (el ayer son en realidad muchos y merecen al menos una entrada a parte).

Lo que leía sobre colaborar está aquí y aquí, no hace falta que lo repita yo ( de hecho ya compartí alguna ida-experiencia hace unos meses, si acaso ya escribiré con otras reflexiones y/o datos). Lo que comparto aquí es mi impresión de lo que la construcción colaborativa está significando.

Tras la industrialización del s.XIX* y la confianza, a veces ciega, en la tecnología que reinó en el siglo XX**, llega (o vuelve) el momento de reconocer el valor de las personas. Y un valor que no viene dado por el contexto (familia, territorio, …) sino por las potencialidades de una persona puestas al servicio de una comunidad-proyecto.

Hablo de potencialidades porque no quiero reducir “lo que alguien tiene que aportar” a una lista de habilidades o conocimientos adquiridos durante la formación académica o que se presupongan de un perfil profesional. Y porque, una determinada persona puesta ante un reto concreto puede aportar incontables  visiones inesperadas.

Ir más allá, y más acá, de una aportación individual; que se sumaría a un proyecto como una pieza que cualquier otro podría haber aportado. Cada aportación individual se convierte en algo genuino. Para generar algo único en la medida que se ha gestado en un momento y un entorno concreto.

Evidentemente, personas distintas en entornos distintos pueden idear las mismas cosas. Pero eso no resta originalidad a la comunidad, al proyecto, .. ni resta valor a la sabiduría transversal que se crea.

Ahora bien ¿cómo sacar esas potencialidades de la caverna a la luz? Entiendo que hay dos procesos, la confianza hacia el grupo y la confianza hacia uno mismo. La primera necesita tiempo y acción. Ni basta con dejar pasar el tiempo, ni podemos esperar que el deseo de colaborar nos de, al instante, la tranquilidad de fiarnos del otro.

La segunda es un camino individual, pero no siempre solitario. Y sobre él se ha dicho y se dice mucho. Ahora sólo enuncio mi opinión, una educación libre.

Y por último me veo obligada (por esta reflexión) a conectarlo con mi post anterior, “Museo o máquina del tiempo”, que no hablaba explícitamente de colaboraciones, pero que induce a pensar en la necesidad de las mismas (al menos yo las tenía en mente cuando pensaba-escribía).

Todo esto para decir que son las personas las que hacen las cosas, las que producen los cambios, las que plantean los retos, … las máquinas son un medio no un fin 😉

( *, **: esos son algunos de los ayeres a los que me refería)

Museo o máquina del tiempo

Cuando hago un repaso mental de los museos arqueológicos que he visitado y un repaso de las webs de los mismos (si es que la tienen) me doy cuenta de que la Historia solo puede gustar a quienes les apasiona.

Cuando me coloco ante una vitrina, más o menos llena de fragmentos de cerámica numerados, con una pequeña leyenda en un extremo dónde se puede leer por ejemplo ” 1. fragmento de sigilata hispánica s.I a.C” puedo sentir la decepción del visitante.

Todo el aprendizaje que se llevara es que en el museo hay cerámica de dos mil años de antigüedad. Pero no sabrá la importancia de la cerámica en general ni la de ese fragmento en particular. No podrá hacerse una idea de como vivía la gente del siglo I a.C., ni el trabajo que implica reconstruir las piezas y sus entornos, para después interpretar cómo vivía la gente del s.I

El museo debe comunicar, transmitir, … despertar curiosidad. Y, por qué no, emocionar. Porque quien lo visita quiere aprender no estudiar. Se va al museo a vivir una experiencia y por tanto el museo debería dar a sus visitantes una aventura. Porque una aventura invita a volver.

El museo es un recurso didáctico para la enseñanza del patrimonio histórico. No es el único, pero si el que más posibilidades tiene de convertirse en una máquina del tiempo en la que transportarnos a otras épocas.

Si un código QR puede ofrecernos una imagen 3D gracias a la tecnología. Por qué un fragmento de cerámica no va a darnos una imagen de la vida en el pasado. ¿Por qué no nos cuenta una historia?

Sin duda para conseguirlo hay que hacer un profundo ejercicio de creatividad, para combinar recursos, espacios, objetivos, … Pero valdría la pena hacerlo. Si quienes sólo tienen una pantalla para captar la atención del visitante se preocupan de la “experiencia de usuario”. Quienes tienen más de 20m2, vitrinas, focos, paneles explicativos, reconstrucciones gráficas y piezas únicas; también deberían tomarse tiempo en diseñar una experiencia, en lugar de dibujar un recorrido en el suelo de una sala.

(continuará)

Educación y cultura

Durante la mesa redonda “Ideas innovadoras para ciudades creativas” (II Congreso ciudades Creativas, 2011) las propuestas que se plantearon eran muy variadas pero todas tenían el denominador común de poner al ciudadano como eje vertebrador de esa ciudad. Un ciudadano que es hombre o mujer, adulto o niño, joven o viejo, … Y la educación también cobraba importancia en el diseño de esa ciudad. Yo me tomé la libertad de resumir aquellas ideas en una frase “una ciudad en la que los ciudadanos formen parte de la vida de los ciudadanos”. En un intento de aglutinar las ideas de cooperación, colaboración, relaciones humanas, crianza, responsabilidad, libertad…

Hace unas semanas oía F. Tonucci hablar de la ciudad de los niños, una conferencia interesante, inteligente y humana. Que haciendo referencia a la lamentable crisis moral, politica, medioambiental, … que sufrimos; propuso soluciones y medios para la resolución. Y expuso proyectos que van en esta línea. Habló, entre otras cosas, de la necesidad y la posibilidad de que la ciudad sea rediseñada y recuperada por los niños, que sean sujeto activo de la vida de la ciudad. Los niños, no como sujeto principal, sino como parte de la vida de los adultos, y esto, a mi entender tiene mucho que aportar al imprescindible replanteamiento del sistema (económico, empresarial, productivo).

En muchos sentidos las líneas de contenido de Tonucci estaban poniendo palabras a ideas que tenía en mi cabeza desde hace tiempo. Ideas y reflexiones más o menos conectadas y más o menos “fermentadas” para convertirse en opiniones solidas y arguemntadas.

 

Lo que más me gusto fue que como conclusión, Tonuci resumió todas las ideas y propuestas hechas en su conferencia con tres claves: la lactancia materna, la educación infantil de calidad y el juego libre. Y esto fue lo que más me gustó.

Estas tres realidades son el camino para que el mundo sea mejor, mucho mejor. Para la mayoría de nosotros la lactancia materna, es una cuastión de madre e hijo que reporta, a estos, beneficios físicos, psicológicos y emocionales, pero lo cierto es que también supone una mejora medioambiental y económica. Ahora bien, para llevarla a cabo con éxito (es decir, felizmente) hay que abstraerse un poco (o un mucho) de las prisas, los compromisos, los horarios, el ocio, … programados de esta sociedad nuestra.

La educación infantil de calidad, aquella respetuosa las necesidades del niño, no con las abmiciones de los adultos. Tiene muchas versiones, yo conocí hace algunos años la Pedagogía Waldorf-Steiner; que me hizo querer volver a la escuela, cuando durante mi infancia sólo quise huir de la mía. Esta y otras igualmente interesantes se muestran en este documental

Pedagogías cuyo punto en común es el respeto al niño, a su maduración, a las necesidades de cada momento de ese desarrollo; y la confianza en la persona que es el niño. La convicción de que el niño desea aprender, porque desea saber, descubrir e investigar. Este deseo es una necesidad del ser humano y los niños, no lo olvidemos, son seres humanos.

El juego libre. Jugar para experimentar y descubrir, para arriesgarnos y aprender. Y jugar en libertad es la experiencia de la libertad. Solo así podremos conocerla, respetarla, hacerla nuestra. Porque todos los juegos son didácticos y porque todo puede ser un juego.

Y todo esto podría enlazarse también con el emprendurismo social, otra forma de cambiar el mundo desde el ejercicio profesional, de cualquier profesión. (sobre este tema publicaré mis conclusiones de una muy interesante mesa redonda).

Otra educación es posible. Y esto supone que otra ciudad es posible. Que otro mundo es posible.

 

Indumentaria Regional valenciana.

Este es un acercamiento a la indumentaria tradicional a través de la indumentaria típica. No pretendo, pues, hacer un estudio riguroso de la indumentaria tradicional y como debería ser hoy su versión para las fiestas populares y el folklore.

El vestir de la gente sencilla del s.XVIII es el que mayoritariamente usamos cuando nos vestimos para bailar danzas regionales. Sin ser un traje típico y con aspiraciones a ser tradicional. Es decir, inspiradas en los originales y más o menos influenciados por los gustos actuales y nuestro propio bagaje acumulado en los siglos porteriores; sin olvidar la fuerte influencia del sXIX.

En esta indumentaria, la ropa Interior femenina se compone básicamente de tres piezas: la camisa, la enagua y las medias. Hay otras piezas como las cintas o ligas y el pantalón o calza interior (que no se generaliza hasta el s.XIX). Y otras que pueden ser o no interiores como el refajo, el faldellí, el jubón, … que se usan como ropa interior para abrigarse (y probablemente también para enriquecer la vestimenta) y que en ocasiones son prendas exteriores.

Me detengo en dos de las prendas básicas, la camisa y la enagua, sus nombres, materiales y usos.

La camisa, también llamada camisó o camisola, es ropa interior de día y de noche. Los materiales más comunes con que se confecciona son lino y algodón, ya que se pueden fabricar en casa y cuya materia prima es más accesible que la seda o los lienzos finos (que también se utilizan pero en menor medida). Es interesante ver como las mangas, que quedan a la vista en verano, se adornan más que el resto de la pieza e incluso se usan las telas más finas para su confección.

Las enaguas o sobresinaguas, puede usarse una o varias . Como la camisa se confecciona con materiales resistentes y caseros, lienzos de lino o estopa, o lienzos finos. Si se usan varias a las superiores se las denomina sobresinagua, como es lógico las más superiores están más adornadas y son de tejidos más finos.

Enagua para vestuario de Danses

Muestro aquí estas prendas de mi vestuario para bailar, como aficionada, danzas populares valencianas. Mi enagua, confeccionada con tela de batista, que es el tejido propio de las sábanas de hace solo unas décadas. En este caso utilicé el corte de dos sábanas bajeras que mi abuela nunca usó; en lugar de dejar la tela en el fondo del baúl. Para la camisa usé batista fina, concretamente el corte de tela que debió ser un almohadón de una cama de 1,35m de ancho.

Los adornos de estas prendas son totalmente actuales. La puntilla de las mangas de la camisa (tul bordado), aunque es de buena calidad, es de producción industrial. El bordado de la enagua es un diseño original, que no pretendía reproducir ni los adornos que en el s. XVIII se usaban para estas prendas; ni otros bordados de la época. Mi idea era adornar la enagua con mi inicial (eso sí es propio de estas prendas) y con un bordado rico, ya que no llevaría otro adorno.

Camisa, ropa interior femenina, a falta de colocar la puntilla del cuello.

Como mi madre confección las prendas y yo hice el bordado a mano; es casi una versión siglo XXI de parte de un ajuar del s. XVIII. Porque en el proceso de creación siempre estuvo presente la idea de que estas prendas se usarán en ocasiones especiales y serán heredadas algún día.

Detalle del bordado de la enagua

Para obtener información rigurosa sobre indumentaria tradicional he consultado, entre otros, el libro de Victoria Liceras Ferreres (coleccionista e investigadora) “Indumentaria Valenciana. Siglos XVIII y XIX”. Y recomiendo también estos artículos publicados en diferentes blogs:

“Algo sobre indumentaria tradicional”

“Tan ancha como larga, o más”

Proyectos Culturales, reflexión gráfica.

Mapa mental a partir de reflexiones y lecturas sobre lo que implica un proyecto cultural

A partir del concepto de “Proyecto Cultural” me surgen las cuestiones de:

– ¿Cómo llevarlo a cabo? a traves de una planificación estratégica, que asegure su éxito, y a traves de una Institución promotora

– ¿Qué vinculaciones tiene un Proyecto cultural con  otros  aspectos  la realidad de las Instituciones y/o de la sociedad? ya ahí surgen elementos tan dispares a simple vista, como la transversalidad en temáticas, la financiación o la gestión de equipos humanos.