La vida diaria y otros menesteres

Hacía tiempo que quería escribir (ordenar mis ideas) sobre las vidas sencillas, sobre la idea de vidas sencillas, que me inspiraba el repaso de esos inventarios de bienes  que son las dotes matrimoniales (y algunos testamentos). Y hoy parece todo me obliga a ello.

Primero pensaba en vidas austeras, realmente hace falta poco para “llenar una casa” y empezar una vida en común. Y en los trabajos cotidianos que supone. Me da la sensación, que hay un continuo construirse en ese crear todo, o casi todo, lo que vas a usar. En el hecho mismo de confeccionar el ajuar, para que no falte nada imprescindible y al mismo tiempo que tenga, al menos, algo “de lujo”; como un valor añadido a esos elementos básicos.  Y no puedo evitar imaginar en la vida diaria, cuanto ocupaban las tareas cotidianas imprescindible (cocinar, limpiar, ir a por agua, …) y cuanto las relaciones sociales. Y lo que todo ello suponía en el ánimo de esas persona.

Hago un esfuerzo por no caer en el terrible pecado de algunos historiadores que idealizan la época estudiada, como una edad de oro. Por lo que se de las personas nos complicamos la vida con mucha facilidad.( Y ver el resultado de nuestro pasado debería servirnos para no idealizar ningún tiempo pasado.)

El caso es que pienso que la sencillez formal, ayuda a la sencillez mental.

Y ayer leía un post que ponía la luz en que nos estamos acostumbrando a vivir angustiados por las complicaciones. Estresados por llegar a tiempo, por llegar a todo, por hacer todo, por hacer todo bien, … y volví a pensar en la necesidad de simplificar la vida.

Y hoy por fin leo (llego a mi correo hace días) este “cuando el arte de doblar la ropa interesa más que los debates políticos” . Y me da mucho que pensar.

Me ha hecho pensar en el ejercicio de concentración-desconexión que supone doblar tu ropa. Te concentras en lo manual, en hacerlo bien, siguiendo unas pautas, porque hay un objetivo claro: que la ropa quede ordenada, en el mejor estado posible. Y la mente parece que se ordene sola, o por lo menos descansa de unos objetivos inalcanzables y se ocupa en conseguir éxitos. Quizás ordenar armarios, no sea tan vanal. Quizás dedicar tiempo a diseñar o rediseñar nuestro entorno físico más próximo, sirva como prevención de desordenes espirituales; o al menos para detectarlos.

Y me ha hecho pensar en el cuidado de esa ropa. En que no hay nada de superficial en saber usar y cuidar los objetos que nos rodean, para que duren todo lo que son capaces de durar. Para que nos sean útiles todo el tiempo que sea posible. Creo que esto tiene mucho de debate político.

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