Primeros pasos

Con la firme intención de descubrir “cómo debería ser” el traje típico de Novelda, hace casi tres años, hice mi primera incursión en el Archivo Histórico.

Sabiendo que la indumentaria regional se inspira en el vestido popular del siglo XVIII. Intenté hacer un recorrido por los documentos, de los más modernos a los más antiguos. Buscando alguna autoridad que estableciera el “cómo es” el traje típico y por qué es así. Además de cómo y porque había evolucionado.

Que el traje ha evolucionado, es evidente. El traje con el que yo me visto hoy, que está bastante aceptado, en parte por ser el que visten las “Reinas de las fiestas” (expresión máxima del tipismo). No es el mismo con el que me vistieron de pequeña o el que usó mi madre siendo adolescente. Y este tampoco es igual a aquel con el quería vestir mi bisabuela a sus nietas, basándose en sus recuerdos y/o experiencias de infancia y juventud.

La interpretación que los diferentes nacionalismos han hecho de la necesidad de tener un traje típico, y las modas de todo tipo en torno a las fiestas locales; han marcado la estética, los materiales y los usos de ese traje.

Empecé mi investigación por los artículos que sabía que existían, publicados en la década de los noventa del siglo XX, en la revista de Fiestas de Novelda (Betania). Uno de ellos dedicado al traje típico, el de “noveldera” ( Monserrate, Fco.”Trajes de fiesta”, Betania 1998), el otro es una aproximación a la indumentaria tradicional cuyas lustraciones hacen referencia a las diferentes versiones del traje típico durante las fiestas (Blasco, Mª C y Navarro, C (Selección de textos e ilustraciones) “La indumentaria tradicional Noveldera”. Betania 1991). Por último consulté otro artículo “Fiestas de Novelda en el siglo XVIII” (González Hernández, M.A.; 1995) que al ser, en términos generales, una enumeración de las fiestas de la época no hace ninguna referencia al vestido . No hay nada más sobre este tema en los cuarenta años anteriores, desde que se inició esta publicación.

El siguiente paso debía ser acudir a los documentos que sobre el tema pueda haber en la institución que gestionaba la indumentaria regional en el periodo de la dictadura. Los Coros y Danzas de la Sección Femenina de Falange.  Y, a continuación, buscar y consultar publicaciones anteriores que pudieran haberse hecho eco de las fiestas patronales de Novelda. Además de la fotografías, claro.

Pero lo que decidí fue acudir a las “fuentes”, es decir, a los documentos del siglo XVIII que registran la ropa de vestir del siglo XVIII. Ahora me encuentro consultando Cartas de Pago de Dote, inventarios y testamentos de 1700 en adelante. Y la información que encuentro me plantean muchas reflexiones, dudas e ideas sobre el Patrimonio Cultural, la herencia de tradiciones, la gestión y la divulgación de todo ello, entre otras cosas.

Además, esas Dotes dejan entrever vidas sencillas, trabajos laboriosos y relaciones humanas que me seducen.

Confirmando lo que ya sabía, que poco o nada tiene que ver el traje típico con el vestido que usaban las mujeres del XVIII en mi pueblo.

Instituciones abiertas, plazas y balcones.

Hace unos días hablaba con mis colegas sobre un proyecto que está dando sus últimos coletazos y que va precisamente de eso, de hacer una institución más abierta. Y al tiempo enlazábamos con las reflexiones que nos está suscitando otro proyecto sobre el uso de la tecnología para dialogar, narrar, construir.

El diálogo entre colegas venía a concluir que ser abiertos no es sólo tener los medios para serlo, y hacer como que eres abierto. Si no ser conscientes de qué es apertura y qué implica que una institución sea abierta.

Mi conclusión, y mi auto-explicación como si tuviera cinco años, que es algo que hago con frecuencia para simplificar las complejidades de la vida adulta; era una metáfora de foros, plazas y discursos desde el balcón.

Lo que muchas instituciones (y muchos profesionales que las dirigen) hacen para declararse abiertas es usar la red para su comunicación, como quien hace un discurso desde el balcón de su casa. Lanzas la información que quieres que otros tengan sobre ti y ya está. Si alguien quiere replicarte tiene que lanzar sus propios gritos desde la calle y esperar, a veces eternamente, una respuesta. Por tanto, el dialogo es imposible.

Y al mismo tiempo otras instituciones arengan a sus públicos desde sus propios balcones. Generando en la calle una algarabía considerable, luchando por la atención de los oyentes. Oyentes pasivos que acaban comentando con los que tienen al lado, sus iguales. Y construyendo así su propia conversación.

Lo que yo entiendo es que si decimos que nuestra institución es abierta, debemos saber que vamos a hablar desde el balcón de nuestra casa. Pero, y esta es la diferencia, la puerta de la entrada está abierta y alguien puede entrar, subir a ese balcón y solicitar nuestra atención para hablar de tu a tu con nosotros.

Y si tienes la puerta abierta es para que entren, es decir tienes que invitarlos y convencerlos de que lo hagan. Y una vez convencido deberás ser un buen anfitrión. Y,  ojo, un anfitrión no es un simple maestro de ceremonias (aunque en ocasiones lo haga), un anfitrión es responsable del bienestar de sus invitados (como dice el protocolo) y lo es porque antes o después establece un vínculo con esos invitados.

Los foros digitales, como los reales, están para pasar por allí en busca de alguien para una conversación rápida (pregunta-respuesta). En el foro (espacio real, abierto) se toma contacto. Si lo que queremos es trabajar, entramos al taller, nos sentamos y construimos juntos.

Lo que cuesta hacer las cosas

Hacer un paralelismo entre el valor y precio de la ropa de vestir que iba encontrando en las Cartas de Pago de Dotte y el precio que hoy tendrían esas mismas piezas; fue un objetivo secundario de la investigación.

En un intento de poner en valor esas piezas, quería ponerles precio en euros. Y no sólo comparar las libras, sueldos y dineros que puede costar “un guardapíes de lanilla vert galones de or” (3L 19s) con las que puede costar “un morter de pedra amb sa ma” (8s)

Además, al publicar mi propia ropa, quería ir registrando el proceso de crear algunas piezas del vestido. Pero después de leer este post puede que me anime a contabilizar lo que cuesta, en términos económicos, realizar cada una de esas piezas.

Aunque en mi caso esas piezas las voy a ir creando siempre con ayuda y con materiales y recursos modernos (maquina de coser, …). La idea es poner en valor el trabajo de reproducción o recreación histórica. Y “calcular” el valor de aquellos vestidos.