¿vestirse a la antigua?

Investigaciones y publicaciones sobre el vestido femenino en el siglo XVIII hay muchas y muy rigurosas. Y no pretendo hacer aquí una más, con la diferencia de estar documentada en el Archivo Histórico de Novelda. Como ya dije, lo que me interesa es ver qué hay de aquellos vestidos en los de hoy.

Por tanto mis reflexiones girarán en torno a pequeños descubrimientos, al contraste entre lo típico y lo tradicional, al rigor histórico y al folklore.

Considero que esa indumentaria típica es un Patrimonio. Es un patrimonio cultural, porque al estandarizarla con el objeto de convertirla en elemento distintivo de una comunidad, pasa a ser parte de la identidad cultural de esa comunidad.

Y es patrimonio histórico en la medida en que se sustenta en el pasado de esa comunidad. El vestido del siglo XVIII le sirve de inspiración y las diferentes corrientes de pensamiento de los siglos posteriores han influido en su normalización como traje típico.

Así pues, como patrimonio que es, es susceptible de ser gestionado, y de hecho lo es. Y la primera cuestión a resolver (quizá como tesis de ese MasterDIWO) es quién tiene la autoridad para esa gestión y cómo debe hacerlo.

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Dime con quien andas

Nunca se me han dado bien los idiomas (o al menos nunca se me ha dado bien estudiar-aprender idiomas en la forma que me los han enseñado) y sin embargo no dejo de aprender-incorporar lenguajes.

La vida es un constante aprendizaje de lenguajes, de hablas, ya que cada nuevo entorno  exige de nosotros la creación, co-creación o incorporación una lengua propia de ese entorno.

Al llegar a un nuevo grupo, antes de convertirse en comunidad, empezamos usando una lengua estandar que todos creemos usar igual. Y luego surgen lo giros que solo entendemos nosotros, los significados concretos.

En esa construcción estoy ahora, con eGruyere, con Master DIWO y con los proyectos que surgen con otros miembros de esta red. Y desde hace un tiempo me veo constantemente acudiendo a la Inianopedia, a El Correo de la Indias,  para saber si estoy interpretando correctamente a mis colegas de trabajo.

También hemos acuñado algunas expresiones propias y seguiremos haciéndolo, especialmente a partir de las diferentes lenguas maternas y sus/nuestras diferentes comunidades de habla.

El gran referente sin duda, para entender a mis compañeros son sus blogs y , por tanto, sus enlaces y comentarios. Porque es en la conversación dónde surgen las expresiones propias, es en el uso de la lengua dónde esta se hace propia. Y creo que, en el uso dialogado se hace comunidad. Puesto que no solo se usa la lengua de la misma manera si no que se compartes conceptos, realidades, futuros deseables, …

Hablábamos de esto hace unos días, Ester, Laura y yo en una cafetería, entre una reunión de trabajo y otra. Y era algo que desde hacía tiempo me rondaba la cabeza. Y que estos días se ha vuelto más insistente, o evidente, por la necesidad de aclarar, de decirnos a nosotros mismos que sí estamos hablando el mismo lenguaje.

Personas por máquinas

Hace unos días leía sobre las características de la colaboración. La construcción de proyectos, cosas o ideas a partir de una comunidad (más o menos estable, formal, …), una construcción en la que todos los miembros participan de alguna manera.

Por otro lado me veo inmersa en la tarea de detectar (para definir) esas formas de trabajar colaborativamente. Y rebusco en mis ideas previas, destapo reflexiones paralelas a mi experiencia y, quizás por deformación profesional, echo la vista atrás y analizo el hoy comparándolo con el ayer (el ayer son en realidad muchos y merecen al menos una entrada a parte).

Lo que leía sobre colaborar está aquí y aquí, no hace falta que lo repita yo ( de hecho ya compartí alguna ida-experiencia hace unos meses, si acaso ya escribiré con otras reflexiones y/o datos). Lo que comparto aquí es mi impresión de lo que la construcción colaborativa está significando.

Tras la industrialización del s.XIX* y la confianza, a veces ciega, en la tecnología que reinó en el siglo XX**, llega (o vuelve) el momento de reconocer el valor de las personas. Y un valor que no viene dado por el contexto (familia, territorio, …) sino por las potencialidades de una persona puestas al servicio de una comunidad-proyecto.

Hablo de potencialidades porque no quiero reducir “lo que alguien tiene que aportar” a una lista de habilidades o conocimientos adquiridos durante la formación académica o que se presupongan de un perfil profesional. Y porque, una determinada persona puesta ante un reto concreto puede aportar incontables  visiones inesperadas.

Ir más allá, y más acá, de una aportación individual; que se sumaría a un proyecto como una pieza que cualquier otro podría haber aportado. Cada aportación individual se convierte en algo genuino. Para generar algo único en la medida que se ha gestado en un momento y un entorno concreto.

Evidentemente, personas distintas en entornos distintos pueden idear las mismas cosas. Pero eso no resta originalidad a la comunidad, al proyecto, .. ni resta valor a la sabiduría transversal que se crea.

Ahora bien ¿cómo sacar esas potencialidades de la caverna a la luz? Entiendo que hay dos procesos, la confianza hacia el grupo y la confianza hacia uno mismo. La primera necesita tiempo y acción. Ni basta con dejar pasar el tiempo, ni podemos esperar que el deseo de colaborar nos de, al instante, la tranquilidad de fiarnos del otro.

La segunda es un camino individual, pero no siempre solitario. Y sobre él se ha dicho y se dice mucho. Ahora sólo enuncio mi opinión, una educación libre.

Y por último me veo obligada (por esta reflexión) a conectarlo con mi post anterior, “Museo o máquina del tiempo”, que no hablaba explícitamente de colaboraciones, pero que induce a pensar en la necesidad de las mismas (al menos yo las tenía en mente cuando pensaba-escribía).

Todo esto para decir que son las personas las que hacen las cosas, las que producen los cambios, las que plantean los retos, … las máquinas son un medio no un fin 😉

( *, **: esos son algunos de los ayeres a los que me refería)

Rediseñando y aprendiendo

(De un master Diwo a un master DIY y a ver que pasa.)

Mi primer planteamiento para el Master DIWO Alicante era: Cultura. Patrimonio Cultural y Desarrollo Local.

Y en concreto del Patrimonio Cultural me centraría en el patrimonio histórico intangible, la cultura popular y la identidad cultural.

Ese primer planteamiento era un deseo de llenar las lagunas en cuanto a la experiencia en la gestión Cultural. Al venir de una formación que me capacita más para la interpretación del Patrimonio histórico (licenciatura en Historia) y para la gestión de relaciones entre personas e instituciones (Licenciatura en RR.PP).

Hasta encontrar la conexión entre “lo que quiero ser de mayor”, gestora del patrimonio cultural. Mi “vocación primera”, la investigación histórica. Mis “intereses inconfesables”, la moda. Mi “”amor” no confesado” mi pueblo.

Ver (y mostrar) cómo las ropas de vestir que recogen las cartas matrimoniales del siglo XVIII en Novelda sirven, o no, de base, inspiración ,… para definir un “traje típico” de la localidad. Qué hay de aquellos vestidos en los de hoy.

Puede que todo esto me lleve a intentar ir un poco más allá. Reflexionar y conjeturar sobre qué supone para la comunidad “tener” un traje típico, o no tenerlo. Que ese traje sea de una determinada manera y no de otra, …

Museo o máquina del tiempo

Cuando hago un repaso mental de los museos arqueológicos que he visitado y un repaso de las webs de los mismos (si es que la tienen) me doy cuenta de que la Historia solo puede gustar a quienes les apasiona.

Cuando me coloco ante una vitrina, más o menos llena de fragmentos de cerámica numerados, con una pequeña leyenda en un extremo dónde se puede leer por ejemplo ” 1. fragmento de sigilata hispánica s.I a.C” puedo sentir la decepción del visitante.

Todo el aprendizaje que se llevara es que en el museo hay cerámica de dos mil años de antigüedad. Pero no sabrá la importancia de la cerámica en general ni la de ese fragmento en particular. No podrá hacerse una idea de como vivía la gente del siglo I a.C., ni el trabajo que implica reconstruir las piezas y sus entornos, para después interpretar cómo vivía la gente del s.I

El museo debe comunicar, transmitir, … despertar curiosidad. Y, por qué no, emocionar. Porque quien lo visita quiere aprender no estudiar. Se va al museo a vivir una experiencia y por tanto el museo debería dar a sus visitantes una aventura. Porque una aventura invita a volver.

El museo es un recurso didáctico para la enseñanza del patrimonio histórico. No es el único, pero si el que más posibilidades tiene de convertirse en una máquina del tiempo en la que transportarnos a otras épocas.

Si un código QR puede ofrecernos una imagen 3D gracias a la tecnología. Por qué un fragmento de cerámica no va a darnos una imagen de la vida en el pasado. ¿Por qué no nos cuenta una historia?

Sin duda para conseguirlo hay que hacer un profundo ejercicio de creatividad, para combinar recursos, espacios, objetivos, … Pero valdría la pena hacerlo. Si quienes sólo tienen una pantalla para captar la atención del visitante se preocupan de la “experiencia de usuario”. Quienes tienen más de 20m2, vitrinas, focos, paneles explicativos, reconstrucciones gráficas y piezas únicas; también deberían tomarse tiempo en diseñar una experiencia, en lugar de dibujar un recorrido en el suelo de una sala.

(continuará)